Es sorprendente que Dios le haya pedido a Moisés que eligiera «ciudades de refugio» (Deuteronomio 4:41; 19:2-9). Los lugares de refugio y seguridad garantizaban la promesa de larga vida y protección para los acusados injustamente. El Señor Dios es nuestra roca, nuestra fortaleza y nuestro libertador. Es nuestro refugio cuando estamos angustiados, porque en Él encontramos protección. Dios es nuestro escudo, y su poder nos salva y nos mantiene seguros en cualquier circunstancia. Encuentra en estas meditaciones inspiración y aliento diarios en los «refugios» que el Señor te señala, y disfruta de su descanso mientras andas por sus caminos.